Si pensabas que Top Gun: Maverick había llevado la experiencia inmersiva al límite, prepárate. Joseph Kosinski lo ha vuelto a hacer, pero esta vez cambiando los cazas por monoplazas de 1.000 caballos de fuerza. «F1» no es solo una película sobre carreras; es un chute de adrenalina que te mete directamente en el cockpit.

La Trama: Entre el pasado y el futuro

Brad Pitt interpreta a Sonny Hayes, un veterano piloto que, tras un accidente que lo alejó de las pistas en los 90, es llamado de vuelta por un viejo amigo (Javier Bardem) para salvar a la escudería APXGP. ¿Su misión? Mentorear a Joshua Pearce (Damson Idris), un joven prodigio con tanto talento como arrogancia.

Es una historia de redención clásica, pero lo que la hace especial no es qué cuenta, sino cómo lo cuenta.

Lo mejor: Realismo visceral

Olvídate del CGI exagerado. Esta película se rodó durante grandes premios reales (incluyendo Silverstone y Spa) con cámaras diseñadas específicamente para montarse en los monoplazas.

  • Sonido: El rugido de los motores es ensordecedor y auténtico; la banda sonora de Hans Zimmer compite codo a codo con la potencia del motor V6 híbrido.
  • Imersión: Gracias al trabajo de Lewis Hamilton como productor, cada detalle técnico es impecable. Sientes la tensión de las paradas en boxes, el desgaste de los neumáticos y el riesgo real en cada curva.

¿Por qué verla?

Aunque no seas un seguidor de la Fórmula 1, la película funciona como un blockbuster de manual. Es visualmente impecable, con un ritmo que no te deja pestañear y una química entre Pitt e Idris que sostiene el peso dramático de la historia.

Veredicto: 4.5/5 ⭐

Es la película de motor definitiva de esta década. Si puedes, búscala en una pantalla IMAX; es la única forma de apreciar los 155 minutos de puro espectáculo técnico y emocional que ofrece.